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El peligro de la inteligencia artificial y las BCI

marzo 17, 2016

Estamos pisando un terreno totalmente desconocido.

En el año 1997, Kasparov fue vencido por Deep Blue en una partida de ajedrez. Desde entonces los ordenadores no han parado de ganar capacidad de computación en velocidad, memoria, etc…

Si alimentamos con suficiente información a cualquier red neuronal de inteligencia artificial (I.A.), esta podrá analizar imágenes (documentos, vídeos, fotos, etc.) mucho mejor que un ser humano, localizando patrones, tendencias, y errores para introducir posibles mejoras. Actualmente existen ya máquinas inteligentes capaces de substituir muchos puestos de trabajo de los humanos.
Pero el programa AlphaGo fue más allá, pues aprendió por sí mismo, generó su propia información, llegando a descubrir, sin ninguna ayuda, nuevas estrategias que nadie le había enseñando, lográndolo tan solo jugando contra sí mismo.
Con este hito, AlphaGo marca un antes y un después en el mundo de la Inteligencia Artificial.
La victoria producida en la partida de Go a principios del 2016 sobre uno de los mejores jugadores humanos de Go, parece conducirnos a delegar cada vez más asuntos que antes parecían estar mejor resueltos por seres humanos, pues el programa AlphaGo es capaz de desarrollar una inteligencia, estrategia, creatividad e intuición superior a la de muchos humanos.

Esto puede llegar a mucho más que sustituir los puestos de trabajo humanos.
Por el momento las máquinas de I.A. están siendo construida por los humanos, pero pronto serán construidas en serie por impresoras 3D y ensambladas por robots.

¿Se nos puede ir de las manos? Quién sabe.

 

Las BCI

Las Brain Computer Interfaces (BCI) o interfaces cerebro-computador (también interfaz cerebro-computadora e interfaz cerebro-ordenador; constituyen una tecnología que se basa en la adquisición de ondas cerebrales para luego ser procesadas e interpretadas por una máquina u ordenador. Estas tecnologías no solo establecen el camino para interactuar con el exterior mediante nuestro pensamiento, ya que estas interfaces permiten transformarlos en acciones reales en nuestro entorno, instaurando un canal natural de interacción entre el hombre y la máquina, sino que permiten el acceso a toda la información cognitiva y emocional humana.

El origen de las tecnologías BCI nació con el descubrimiento de la parte de naturaleza eléctrica de nuestro cerebro. Ya en 1875, Richard Caton usó un galvanómetro para observar los impulsos eléctricos del cerebro vivo de algunos animales.
En 1924 Hans Berger consiguió registrar la actividad cerebral mediante la electroencefalografía, siendo el primero en registrar un EEG (Electro Encéfalo Grafía) de un cerebro humano.

La electroencelografía (EEG), es la técnica que nos permite registrar los impulsos eléctricos provocados por las ondas cerebrales, y la tecnología que actualmente hace posible su lectura mediante una interfaz cerebro-ordenador o BCI, es barata, poco aparatosa y nada intrusiva: algunas de las diademas que permiten leer la información del cerebro son tan asequibles como cualquier pulsera de actividad para medir las pulsaciones del corazón (y disponen de sus propias aplicaciones para iPhone y Android)

Estos dispositivos, aun con sus limitaciones, permiten que hasta un niño pueda utilizar su mente para, por ejemplo, controlar un videojuego o mover una mano biónica.
Todas estas interfaces cerebro-ordenador están expuestas al mismo repertorio de ataques hacker convencionales que cualquier otro dispositivo, que se pueden realizar cuando el casco o la diadema ha traducido los impulsos eléctricos a información binaria, es decir, ceros y unos que se almacenan, procesan y transmiten de forma convencional (mediante Wi-Fi o Bluetooth). Se pueden hacer todo tipo de ataques porque, realmente, ahí ya no se están hakeando ondas, sino que se están hakeando bits.

El profesor Andrea Stocco y su equipo del Instituto de Aprendizaje y Ciencias Cerebrales de Washington, están realizando experimentos para investigar la manera de transmitir impulsos y conceptos del cerebro de una persona al de otra a través de Internet.

El dispositivo conocido como casco de dios, fue un dispositivo experimental ideado por Stanley Koren y el neurólogo Michael Persinger, para el estudio de la creatividad y los efectos de la estimulación sutil de los lóbulos temporales, que inducia pequeños campos magnéticos, de oscilaciones muy débiles, registrando a la vez sus correspondientes efectos en el cerebro.

Estos dispositivos suponen, no solo la existencia de BCI cerebro-ordenador, sino también simultáneamente de sus dispositivos BCI inversos, es decir ordenador-cerebro de manera que la información binaria de ceros y unos proporcionada por un ordenador, es convertida en impulsos eléctricos y ondas electromagnéticas capaces de interactuar con nuestras ondas cerebrales alterando nuestros pensamientos, creencias y actos.
Lo más terrorífico de todo esto es que si la lectura de la mente humana también empieza a tener aplicaciones en la escritura, significa que es posible el ‘hacking’ para escribir o reescribir el cerebro. Si espiar el cerebro o reemplazar las contraseñas por ondas cerebrales ya resulta inquietante, las aplicaciones de lo que se conoce como “aprendizaje implícito” son, si cabe, aún más perturbadoras.

Algunos investigadores ya están buscando la manera de hacer que memoricemos una información (una clave, por ejemplo) sin darnos cuenta de que lo hacemos; de manera que nuestro cerebro es capaz de autentificarse con el sistema, pero nosotros no sabemos cómo. No sabemos la clave. Alguien nos la ha grabado en el cerebro, probablemente mediante un inocente juego casero, y ahí se encuentra sin que podamos acceder a ella. Como consecuencia ni siquiera podemos revelar la clave porque nosotros ni la conocemos ni sabemos que la tenemos. Nosotros no tenemos que contestar, ya contesta nuestro cerebro sin que nos demos cuenta. Sobre todo cuando el estímulo es subliminal, esto es lo más impresionante de estas técnicas.

Solo la idea de que eso se pueda hacer de manera relativamente sencilla, asusta.
Si a esto añadimos la fabricación robótica de los dispositivos BCI para juegos, bajo el control de calidad de fabricación por parte de inteligencia artificial, el coctel está servido.

¿Se nos puede ir de las manos? Quién sabe.

Estamos pisando terreno totalmente desconocido.

Notas:

Deep Blue fue una supercomputadora desarrollada por el fabricante estadounidense IBM para jugar al ajedrez.

AlphaGo, es un programa informático de inteligencia artificial desarrollado por Google DeepMind para jugar al juego de mesa Go.
Haber vencido a un humano a Go tiene mucho mérito, más que haberle vencido a una partida al ajedrez, porque este juego milenario precisa de un algoritmo con ramificación de 200 (en el ajedrez una ramificación de 20). El Go es, pues, un juego enormemente complejo, y necesita de inteligencia, estrategia, creatividad e intuición. Cualidades que parecen muy humanas, exclusivamente humanas, de hecho.

 

Fuentes:

http://www.xatakaciencia.com/computacion/alphago-su-victoria-en-el-go-nos-encamina-a-un-nuevo-mundo-de-inteligencia-artifical

ESPIONAJE MENTAL: LA TECNOLOGÍA PARA ROBAR SECRETOS DE TU CEREBRO YA ESTÁ EN MARCHA

 

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From → Sociedad, Técnica

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