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PORQUE NO CREAMOS LA REALIDAD QUE QUEREMOS

PORQUE NO CREAMOS LA REALIDAD QUE QUEREMOS

 

 

La información esta en función del observador

 

Si adoptamos el lenguaje de la mecánica cuántica, el principio de superposición nos dice que algo no observado existe y no existe a la vez, es decir contiene todos los valores posibles, esto es información en estado latente. Sólo cuando se producen interacciones dicha información se manifiesta como energía o materia en alguna de sus posibles fases.

 

De este modo, la información no existe por si misma, precisa de un observador que la manifieste. Se definiría como la relación, los enlaces, la interacción entre las partes de un sistema para crear una complejidad coherente. Es aquello que hace que no podamos describir un sistema como la suma de sus partes, pues cada una de estas partes, tomadas por sí solas, no explican la totalidad. Falta algo que es lo que le da coherencia al conjunto.

Como la información depende o esta necesariamente en función del observador, será siempre exclusivamente el observador quien, según su mitología, creencias personales y expectativas, decodifique o imagine la información que cree percibir de la interrelación.

De este modo, según el estado del observador, algo existe y no existe a la vez, es decir contiene todos los valores posibles, esto son posibilidades en estado latente.

Debido a que nuestra mitología, creencias personales y expectativas nos indican que además de la información que observamos y nosotros como observadores, existen muchas otras informaciones y observadores, nos resulta muy difícil el conducirnos hacia una “realidad”, en princio, aparentemente deseada.

Teoría de Evento Posibilitado o TEP

La TEP, procede de la Teoría Cuántica de Evento Incrementado (Event Enhanced Quantum Theory) desarrollado por los físicos Arkadiusz Jadczyk y Philip Blanchard, siendo una evolución de la misma.

Entidades involucradas en la TEP:

Observadores:          Entidades conscientes del sistema

Sistema:        Entidad que es el horizonte de sucesos de los observadores

Universo:                   Entidad que es el horizonte de sucesos del sistema en el que el sistema es un observador.

Cualquier observador que “crea” que es posible “crear una realidad disidente” diferente a la mayoritaria o “consensuada” por el sistema en el que se encuentre, apoya el incremento del caos y la entropía en el mismo.

Si sus creencias son distintas a las creencias mayoritarias del sistema, sin importar qué tan fuertemente crea en ellas, básicamente está poniéndose en conflicto con cómo el sistema se ve a sí mismo.

Por otro lado es posible crear una realidad disidente:

  • Cuando la suma de las entropías del sistema, esto es la entropía termodinámica generada por el propio sistema sumada a las entropía generadas por sus componentes “disidentes” alcanzan una masa critica.

Entonces el sistema  generará un nuevo orden, que puede ser acorde o no, a cualquiera de las creencias disidentes.

  • Cuando la “creencia disidente” es parecida a como el universo que contiene el sistema se ve a si mismo,  entonces el observador se “alinea” con la energía creativa del universo y el observador se convierte en un transductor de energía externa al sistema, que procedente del universo,  genera una sintropia o neguentropia capaz de reordenar al sistema.

Esto significa que cualquier energía de observación sobre un nuevo escenario, dada incondicionalmente, y ajustada a las creencias apropiadas, pueden darle orden al caos, y pueden crear “realidades”, en el sistema del observador o en otros, a partir de un potencial infinito procedente de sistemas superiores.

Porque no creamos la realidad que queremos

Cada uno de nuestros pensamientos es un grano de arena en la balanza de la entropía de nuestro sistema de referencia, y las frases “estar en la onda” y “estar desfasado” definen exactamente en términos radioeléctricos nuestro estado respecto al mismo.

Es por esto que no siempre creamos nuestra propia realidad, sino que generalmente nos limitamos a generar hipótesis de escenarios colgados en un campo de posibilidades que constantemente se están reflejando y probando como realidades en otros sistemas y tiempos, aunque también pueden llegar a “materializarse” en el de nuestro observador. Si no lo logramos, nos encontramos, con un aumento de la entropía, es decir un aumento del caos.

La Creación Consciente de la Realidad se da cuando estamos conectados con nuestro doble (o yo superior) y nos volvemos un recipiente para que las energías superiores trabajen a través de nosotros, las cuales están en alineación con el universo y con el propósito unificado de uno mismo, no con los deseos, anhelos y necesidades de la personalidad condicionada. Si nuestras acciones y creencias están alineadas con lo que nuestro sistema, o uno superior, cree que es, nos transformaremos en unos transductores de energías que no sólo nos benefician individualmente sino que al mundo en su totalidad, poniéndole un orden al caos.

En este punto es necesario recalcar que cualquier pensamiento, idea o creencia, generado por la conciencia de un observador humano, al menos, una energía electromagnética que es volcada al multiverso independientemente de que suponga algo bueno o malo para el propio observador que la ha emitido. Es por este motivo que hay que evitar cualquier pensamiento que nos incomode pues al pensar en ello lo estamos potenciando, ya sea contra nosotros o contra otros.

Parece ser, en este sentido, que es más importante la frecuencia o asiduidad, es decir la cantidad de veces que pensamos en una misma idea, que la intensidad o duración con que lo hacemos.

Dada la relatividad patente entre el bien y el mal, el denominado pensamiento positivo solo puede entenderse como una actitud intelectual con tendencia a una benevolencia universal, esto es la mejor opción para todos, pues esta intención es la única que puede crear pensamientos que desarrollen las “realidades” menos malas para todos.

No parece pues adecuado hacer ningún proselitismo sobre ninguna idea concreta mas allá de la propia benevolencia.

La benevolencia no es ninguna ley moral, es una ley fisica.

Jean Pierre Garnier-Malet, fisico

Preocuparse no es necesariamente contraproducente si lo hacemos con benevolencia y nos hace sentir bien, pero debemos intentar evitarlo a toda costa si la preocupación nos supone una angustia reiterativa.

Por otro lado, el asumir que todos somos lo mismo y que todos somos benevolentes, es a lo menos autoengañador. Todos somos uno, pero no todos somos iguales.

No todos somos iguales

Hay que tener en cuenta que los psicópatas, que son alrededor del 6% de la humanidad, desde que nacen, no tienen la capacidad de experimentar nada cercano al amor, la compasión o la empatía, se diría que no tienen alma. No es una disposición psicológica, sino que es genético o epigenético.

Este es un tema muy malentendido e ignorado, sobre todo debido a que la mayoría de los psicópatas pueden parecer “normales” a través de sus “mascaras de la cordura” o “máscaras de sanidad“. Los psicópatas no son necesariamente criminales en prisión, sino que pueden ser sociópatas: directores ejecutivos, políticos, líderes espirituales, maridos, esposas, hijos o vecinos cercanos. Ellos nos pueden decir lo que exactamente queremos oír, parecer compasivos, empáticos y comprensivos, aunque los otros les importen o interesen en lo más mínimo.

Tal como postulan John Ronson, periodista de investigación del diario británico The Guardian, y varios psicólogos, estamos conducidos por una minoría de personas enfermas o diferentes, insensibles al dolor ajeno, se diría que sin alma, ayudadas por otras personas parasitadas que podríamos decir que son humanos arcontizados, inhabilitados para emplear sus neuronas espejo, incapaces de empatizar con el resto de la humanidad .


“Nuestra sociedad está dirigida por dementes con objetivos dementes .
Creo que estamos siendo dirigidos por maniáticos para fines maniáticos
y creo que me pueden cerrar como demente por expresar esto .
Esto es lo que es demente . ”
John Lennon , músico inglés

.
Esta parasitación, posesión, depredación, o simplemente relación incómoda sobre la humanidad actual, que representan la actuación de estas personas, ajenas a la mayoría de nuestros intereses, es seguramente la causa del problema que para la humanidad y el planeta supone lo que conocemos como trastornos antisociales: la sociopatía y la psicopatía, y la afectación que ambos tienen sobre los acontecimientos en la Tierra.

La disciplina que estudia sus catastróficos efectos sobre la sociedad es la ponerologia, y sobre el planeta la ecología.

Desgraciadamente tanto la psicopatía como las dos disciplinas que siguen sus efectos suelen ser estudiadas casi exclusivamente bajo la aún predominante creencia de la visión dualista cartesiana de la ciencia y su mitológico escepticismo fanático que no acepta la posibilidad de nada que no pueda ser medido con nuestra limitada tecnología actual, que junto con la ciencia componen una especie de dúo casi religioso, ciencia y tecnología, que nuestra sociedad deifica y glorifica.


El doctor Robert D. Hare profesor emérito de la Universidad de British Columbia, investigador canadiense de renombre en el campo de la psicología criminal, postula que el capitalismo recompensa comportamientos psicopáticos como: la falta de empatía, la falta de sinceridad, la astucia y la manipulación. De hecho, dice, el capitalismo es una manifestación física de la psicopatía. Es como una forma de psicopatía que nos ha llegado a afectar a todos. Según él “La gran historia es la psicopatía empresarial”.


Esto no es ni bueno ni malo, sencillamente ahora es así y hay que ir con cuidado hasta que cambie.

“La cobardía pregunta: “¿Es seguro?” La conveniencia pregunta: “¿Es políticamente aceptable?” La vanidad pregunta: “¿Es popular?” Pero la consciencia pregunta: “¿Es lo correcto?” Y llega una hora en la que uno debe tomar una posición que no es segura, ni políticamente aceptable, ni popular sino que uno debe adoptarla porque la consciencia de uno le dice lo que es correcto.”
– Martin Luther King Jr.

 

 

 

 

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Vivir, sobrevivir y trascender

 

Vivir

Vivir es el verbo correspondiente al sustantivo de la palabra vida. El término vida generalmente se encuentra definido como el estado intermedio entre el nacimiento y la muerte. Aunque no tiene una definición simple exacta, en parte porque es usado de una manera muy abierta y con cierta ambigüedad, como en los conceptos de vida eterna, vida artificial, o vida extraterrestre, todos sabemos lo que es la vida.

Sin embargo, no hay consenso sobre lo que es la vida. No existe una definición que describa todos los aspectos esenciales de la vida con la que todo el mundo esté de acuerdo. Incluso existen casos polémicos, como el de los virus, en el que algunos microbiólogos los consideran como seres vivos y otros no.

La diferencia entre los seres vivos y la materia inerte no se encuentra en su composición. Los átomos del cuerpo humano o de los organismos unicelulares son exactamente los mismos que componen los planetas, las rocas y las estrellas.

En biología se definen como vivas, las estructuras moleculares capaces de utilizar la información para poder establecer un soporte material de transferencia energética homeostática, que les permita mantener una condición estable y constante, es decir capaz de regular el ambiente interno (mediante el metabolismo), con cierta independencia del medio ambiente exterior en condiciones más o menos favorables. Pero quizás lo más importante que tenemos los seres vivos es que somos sintrópicos. La sintropia, neguentropía, negantropia, o entropía negativa, es el proceso inverso de la entropía y consiste en el paso de un estado de desorden aleatorio a otro estado de orden previsible.

Sobrevivir

Sobrevivir es permanecer vivo tras la muerte de otro o después de una acción destructora. Es decir, disponer de la información que permita llegar a superar las condiciones ambientales, internas o externas, desfavorables.

Personajes griegos como Sócrates, Platón y Aristóteles nos dicen que si queremos experimentar una verdadera felicidad, debemos vivir con “areté”, una palabra que se traduce directamente como “virtud” o “excelencia”, pero que tiene un significado más profundo , algo cercano a “vivir al más alto potencial momento a momento”. Vivir con “areté” es vivir, es ser sintrópico, el resto es sobrevivir, es ser negantrópico, autodestruirse.

Sobrevivir puede ser puntualmente necesario para poder vivir, pero el mantenimiento de sobrevivir se convierte en una supervivencia que conduce a la muerte. De hecho es evidente que toda vida conduce a la muerte, la diferencia está en vivir expandido con un máximo intercambio de información –vivir-, o vivir implotado con un mínimo intercambio de información –sobrevivir-. El sobrevivir conduce a la entropía que se relaciona con el grado de desorden de un sistema.

Al final de la vida, con la muerte, los seres vivos nos desestructuramos, nos desordenamos, somos entrópicos, básicamente nos deshidratamos, perdemos el agua de nuestro cuerpo, y con ella la capacidad de almacenar información, la información contenida en nuestro cuerpo se disgrega, pero no sabemos si desaparece totalmente dentro del medio ambiente. Quizás es sólo una parte del ciclo.

Trascender

Trascender es rebasar. Llegar a tener consecuencias en un medio o tiempo diferente de aquél en que se ha producido. Esto también significa llegar a tener la capacidad para poder variar la información en un medio o tiempo diferente de aquél en que se ha producido, esto es lo que también se conoce como hipercomunicación. Sin casi saberlo todos lo hacemos diariamente, todos trascendemos en los sueños.

Podría ser que, después de la muerte, una pequeña parte de nosotros permaneciera en forma holográfica extendida por el medio ambiente, irreducible, al estilo de la resistencia del pueblo de Asterix frente a los romanos, en forma de información contenida en ondas , radiaciones, energía en alguna parte, como recuerdo trascendente o remanente de nuestra vida, como las ondas del estanque una vez se ha tragado la piedra, en una especie de equivalente a células madre informativas. Quizás, en determinadas circunstancias medioambientales, esta mínima información remanente, trascendente, holográfica, dispersa, sea suficiente para contraerse nuevamente iniciando la reestructuración de una nueva forma de vida, un nuevo ciclo de sintropia.

Seguramente todo son ciclos, como el del agua que se evapora expandiéndose, para volver a contraerse en forma de agua de lluvia, como el de la luz que se expande por el amanecer hasta llenarlo todo durante el día para volver a contraerse lentamente al atardecer hasta la oscuridad de la noche.

Quizás nuestra vida tan sólo sea un ciclo más, perdido entre la inmensidad de los ciclos del medio ambiente del espacio-tiempo. En todo caso, mejor vivirla con “areté”.

“¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?”
Mafalda (de Quino)

Orígenes del EpiCoaching

Aunque parezca extraño el origen del EpiCoaching se encuentra en una búsqueda iniciada con mentalidad ecologista para encontrar una metodología capaz de ayudar a la sustentabilidad del planeta dentro de un proyecto de coaching para la sustentabilidad co-financiado por el Fondo Social Europeo. El viaje seguido después, sin embargo, ha conducido por caminos y senderos muy diversos con unos resultados totalmente inesperados y sorprendentes.

Si bien hay que reconocer que es muy difícil vaciar la mochila de todo lo que hemos ido recogiendo a lo largo de la vida; por favor, intentemos al menos, vaciar el agua recalentada de la cantimplora para llenarla con agua fresca, aunque que quizá, de momento, la percibamos tan helada que nos duelan los dientes.

Con el EpiCoaching comprenderemos que la polución de la Tierra es insignificante comparada con la polución de nuestras mentes. Solo llegando a un equilibrio y coherencia personal es posible llegar a un equilibrio para la sustentabilidad de nuestro planeta.

Sobre la mente humana

No entraremos ahora en lo que es la mente, pues todos tenemos una vaga idea sobre la misma, y aunque no sepamos cómo definirla, quizás lo que viene a continuación nos sirva de algo.

La no localidad de la mente

El procesamiento y almacenamiento de la información en la mente parece que sigue el modelo holográfico, de modo que ésta carece de ubicación geográfico-espacial en el cuerpo. A pesar de ello,  los numerosos fenómenos de implantación de ciertas memorias de los donantes en los trasplantados, indican tambien una cierta localidad. Asimismo podria ser que la mente formase parte de un holograma mayor que abarcase la entera totalidad de lo existente, quizás los multiversos.

La no localidad orgánica interior

Los avances de la neurociencia han relegado la creencia de que la mente se encontraba localizada en el cerebro al mismo nivel de que la Tierra es plana. Actualmente sabemos que, aunque el cerebro es muy importante, y a su vez, se encuentra dividido en dos hemisferios que funcionan independientemente, existen, al menos, otros dos núcleos neurales también vitales para el sistema humano: el denominado pequeño cerebro del corazón o “the brain heart”  estudiado por la neurocardiología y el denominado cerebro del estómago técnicamente conocido como “sistema nervioso entérico”, estudiado por la neurogastroenterología.

Pero quizás lo más sorprendente para la no localidad interior de la mente sea la presencia de receptores neuropéptidos, como las endorfinas, que corresponden a las emociones, no solo en los tejidos nerviosos, sino en todas las células del sistema inmunológico que se desplazan por todo el organismo, en las células adiposas, en los esfínteres, y por todo el resto del cuerpo.

Células con receptores neurológicos se encuentran efectivamente en las partes del cerebro relacionadas con las emociones, pero también en la totalidad de las células del organismo. Así pues, existe una especie de sistema de comunicación a través del cual todo el cuerpo responde a una emoción concreta.

Mientras que antes creíamos que las emociones sólo nos afectaban psicológicamente, ahora resulta que también nos afectan físicamente.

Según los estudios iniciales de la Dra. Candace Pert y del Dr. Bruce Lipton (La biología de la creencia), y muchos posteriores, la mente, las ideas y sobretodo las emociones, originan moléculas que a su vez afectan a las moléculas de nuestros órganos, a nuestra salud física, mucho más de lo que se creía.

Todas las moléculas poseen un aspecto vibracional y otro de partícula o fisiológico. Evidentemente actúan en los dos planos. En el plano fisiológico, las moléculas de las emociones se desplazan por el cuerpo y encajan en los receptores de las células tal y como una llave encajaría en su cerradura. Cuando esto ocurre, producen un cambio en la célula. Lo magnífico y sorprendente es que estas moléculas de las emociones afectan a todas las células del cuerpo también manera instantánea y sin encaje físico.

Aunque actualmente no podemos enunciar aún una ecuación que la defina, diversos estudios han mostrado la evidencia de que las emociones y los pensamientos, no son sólo los desencadenantes de la liberación de  moléculas físicas por parte del organismo, sino una vibración, una energía por si mismos que, de alguna manera –quizás a nivel cuántico-, captan todas células de nuestro sistema, e influye sobre nosotros de modo que lo que sentimos y pensamos nos afecta y afecta a lo que nos sucede, y a lo que  hacemos personalmente.

Pero no solo nos afecta a nosotros, sino que lo que sentimos y pensamos, es decir el estado vital de una persona en un lugar, incide sobre otras personas en otros lugares.

Este efecto lo encontramos postulado y previsto en la Teoría General de Sistemas según la cual cualquier elemento del sistema se interrelaciona con el mismo afectándose mutuamente, como es caso en el sistema de individuo humano. Pero a su vez, el individuo humano se interrelaciona también con una afectación mutua respecto a su sistema humanidad.

La no localidad exterior

En electrónica, un receptor superheterodino es un receptor de ondas de radio, que utiliza un proceso de Mezcla de frecuencia o heterodinación para mezclar la señal recibida por la antena con la de un oscilador local, y convertir ambas en una frecuencia intermedia fija, que puede ser más convenientemente elaborada (filtrada y amplificada) que la frecuencia de radio de la portadora original.

Quizás nosotros sigamos un proceso parecido y nuestro oscilador local sea nuestro pensamiento.

Al igual que en un receptor giramos el dial para modificar los condensadores y estos modifican la frecuencia recibida y la del oscilador local, es posible que nuestra intención consciente sea capaz de ejercer algo parecido al cambiar la frecuencia vibratoria de nuestros pensamientos, pudiendo así modificar también las frecuencias a recibir para elaborar.

La mente puede pues, sintonizar con el sistema total como un transceptor de radio del que forma parte aunque solo seamos conscientes de ello en contadas ocasiones en las que, por lo que sea, tenemos una expansión de la conciencia.

A otra escala, el mecanismo sería similar al que utilizan las células de nuestro cuerpo para intercomunicarse y organizarse como individuo.

La multimodalidad funcional de la mente

De manera más o menos consciente, nuestra menteposee la capacidad de funcionar de varias maneras, que según  la teoria o modelo computacional de la mente, recordando la analogía con un ordenador, puede funcionar de tres formas: por sí mismo aisladamente y cerrado al universo (sin conexión a internet), con un intercambio de información (conexión P2P (peer to peer)), o como simple terminal de pantalla de consulta de otro ordenador o del ordenador central.

a.- Como subsistema cerrado (individuo), procesando información propia dentro de sí mismo sin contacto con el universo. Este fenómeno de “ombligo visión” es propio del Self y está sujeto a un funcionamiento secuencial que involucra al tiempo psicológico flexible interno.

Es una característica cultural propia de las autodenominadas sociedades civilizadas siendo la causa de su grandeza y de su miseria.

b.- Como componente del sistema, donde el cerebro tiene acceso desde distintos campos mórficos hasta el universo. Esta apertura puede darse de tres formas fundamentales:

1.- De modo individual (centrado en el Self), donde la apertura es limitada y existe un intercambio basado en el Darwinismo dominante, que ha sido traducido perfectamente por las ciencias del Procesamiento de la Información, la Psicología de la Comunicación, el Management y el Marketing Global, así como la Economía Industrial en su énfasis en la racionalidad limitada contemporánea con el paradigma del capitalismo salvaje.

2.- De modo colectivo (centrado en la tribu) En la mayoría de las denominadas sociedades vernáculas, el individuo no existe como tal siendo la tribu quien ocupa su lugar.  Los antropólogos saben que en las comunidades humanas primitivas el concepto del yo esencialmente era sociocéntrico, es decir, ligada a la pertenencia al clan donde los individuos, (los cerebros u organismos), dejan de serlo para funcionar dentro de un suprasistema que les trasciende (la tribu, el club, la nación), sintonizan con la frecuencia común del grupo, con su “forma grupal”. El modelo actual se corresponde con los intereses supranacionales de las corporaciones. El fenómeno social del “contagio” en las multitudes. Lo importante es que el individuo, con sus cogniciones y contenidos que le son propios, ha dejado de funcionar temporalmente con ellos para trabajar únicamente y al unísono con una “variable oculta”, la conciencia emergente común al grupo, una onda que es sintonizada y amplificada por cada conciencia particular.

3.- De modo holotrópico (no centrado), donde la mente tiene acceso a la información del campo unificado pudiendo llegar incluso a fundirse con el mismo. El ego está ausente. Es característico de las comunidades humanas más primitivas donde el funcionamiento grupal y social puro puede, irónicamente, explicar los modelos de competencia perfecta de la economía clásica desde el punto de vista opuesto: la ausencia del individuo como sujeto decisor.

No hay diferencia entre mito y realidad, entre sueño y vigilia, entre humanos y animales. El tiempo desaparece deglutido por un espacio  infinito. Es el equivalente a la experiencia mística, la gnosis, la psiconáutica de los sueños o los denominados “estados modificados de consciencia”. Podemos tener revelaciones extraordinarias respecto a diversos aspectos de la naturaleza y del cosmos que trasciendan notablemente nuestra formación intelectual y educativa.

Es posible vivir secuencias de muerte y renacimiento psicoespirituales, así como un vasto espectro de fenómenos transpersonales, como por ejemplo sentimientos de unidad con otras personas, la naturaleza, el universo y Dios. También podemos adentrarnos en lo que parecen ser recuerdos de encarnaciones pasadas y encuentros con figuras arquetípicas. Podemos comunicarnos con entidades incorpóreas o visitar paisajes mitológicos.

Resumiendo

La mente no parece tener localización física concreta, aunque si algunas referencias locales. A nivel consciente, puede hablarse de la mente como campo más o menos amplio atendiendo a un sistema. De este modo podemos hablar perfectamente de mente individual, mente grupal o mente universal según la percepción consciente que tengamos del nivel modal de funcionamiento de nuestra mente.

Como vimos en el post anterior, – la cuarta humillación humana a cargo de la neurociencia -, el yo es una cualidad emergente, o una creencia, que puede llegar a ser tan potente como para crearnos una consciencia que nos incapacite el dejarnos ver más allá del “self”, de nosotros.

Seguramente la mente opera siempre igual y el hecho de que en un momento dado solo podamos sintonizar un rango de la información disponible dentro del campo unificado, no significa que esta no esté a nuestra disposición, sino tan solo que nuestra cultura nos ha silenciado, o mejor ha hecho un ruido mucho mayor potenciando la individualidad del yo.

Ubicación del EpiCoaching

Hemos de reconocer que el EpiCoaching puede ser visto como un coaching sistémico extremo, -de ahí su nombre de alrededor del coaching-, o un coaching de plenitud, o un coaching espiritual al que perfectamente podriamos denominar también coaching de benevolencia.

De alguna manera podemos relacionar al EpiCoaching con el cuarto camino de búsqueda o camino del “hombre ladino” que postulaba el místico, filósofo, escritor y compositor ruso (armenio), Georges Ivanovich Gurdjieff. Desde este punto de vista, el EpiCoaching, es realmente un cuarto camino puesto que incluye elementos prácticos de los tres caminos fundamentales, que según Gurdjieff, demandan retiro y aislamiento:

  • El camino del faquir:

Que logra la iluminación a través del dominio de las sensaciones por varios medios ascéticos, como acostarse sobre una cama de clavos. Esto requiere como cincuenta años de práctica y aun así con un resultado incierto en el mejor de los casos.

  • El camino del monje, o la religión:

Requiere de mucha meditación junto a sufrimiento emocional y, aunque no precisa de tanto tiempo como el camino del faquir, son precisos un mínimo de 25 años.

  • El camino del yogui:

Este se abre a la iluminación en unos 10 años a través del dominio de posturas o movimientos. Aunque muchos piensen que los yoguis son intelectuales, en realidad se trata de “posturas del pensamiento” que afectan a la interrelación cuerpo-mente.

El cuarto camino o cuarta filosofía, a diferencia de los tres anteriores que demandan retiro y aislamiento, puede llevarse a cabo en medio de la vida ordinaria utilizando de una manera ladina, solo las partes necesarias de las otras tres vías para conseguirlo. Es el camino más fácil para la mentalidad occidental, y en el caso del EpiCoaching, consigue un mínimo dominio físico del cuerpo, una cierto control de las emociones y una supervisión del pensamiento durante cortos periodos.

Habiendo así alcanzado este mínimo control mente-cuerpo, se está listo para “preparar el camino” de los insights en un fluir hacia las gnosis del Wu Wei, es decir, desplazarse hacia un dominio general, o mejor el control de un no dominio, de la mente-cuerpo para eliminar los elementos innecesarios de manera semisubconsciente mediante el sueño y poder así fluir con el universo.

El EpiCoaching suele tomar un máximo de 40 días en ofrecer sus primeros resultados, y entre 9 meses y 1 año para llegar a este punto de inicio de las gnosis.

El trabajo del EpiCoaching o proceso de avance en el cuarto camino (el camino es siempre y en todas partes el mismo, sólo difieren los métodos de abordarlo) se centra en la toma de conciencia sobre los miles de “yoes” diferentes que alternadamente toman el control del cuerpo-mente, tan sólo para ser sustituido por otro “yo” minutos, o aun más frecuente, segundos más tarde. Un “yo” promete levantarse temprano, que es el “yo” que se va a la cama, luego el “yo” que se despierta en la mañana no teniendo idea de la promesa hecha, decide seguir durmiendo. Similarmente ocurre con la comida, el sexo, el dinero, los trabajos, las relaciones; un “yo” promete “hacer” algo que otro “yo” debe llevar a cabo y al último nunca se le informa del compromiso.

En el trabajo de Gureieff este estado de pluralidad es llamado “sueño”, mientras que en Epicoaching es el estado que hemos “aprendido” después de los siete años, y en el que vivimos toda nuestra vida durante la vigilia.

Quien ha empezado a buscar ha formado una inquietud que puede ser definida como un clúster entendido como un grupo de “yoes” con un interés común en algo concreto o más allá de la vida ordinaria. Tiene el sentido de algo más significativo que el mero  deseo pasajero de “yoes” menores y busca respuestas para su clarificación, superación, equilibrio, o para las eternas preguntas de la humanidad, y a las desconcertantes inconsistencias de sí mismo.

A partir de aquí, la manera de trabajo del Epicoaching y el de Gurdjieff difieren sustancialmente, pues mientras en la escalera de de Gurdjieff se da cada vez más importancia al maestro o guía del proceso,  en el EpiCoaching el EpiCoach externo es cada vez más irrelevante una vez iniciado el proceso de gnosis subconsciente que conduce hacia el “humano equilibrado”.

“Si quieres conocer a tu mejor EpiCoach, mírate al espejo”

La cuarta humillación humana a cargo de la neurociencia

Parte de la conferencia que fue publicada originalmente en el blog Neurociencias, que Francisco J. Rubia publica en Tendencias21, bajo el título “La revolución neurocientífica”.
http://www.tendencias21.net/La-revolucion-neurocientifica-modificara-los-conceptos-del-yo-y-de-la-realidad_a7436.html

Nota: (Las anotaciones en cursiva son añadidas por EpiCoaching)

La primera, la de Nicolás Copérnico en el siglo XVI, que había acabado con el geocentrismo, es decir, con la idea de que la tierra era el centro del universo y de la creación. La tierra no era más que un planeta, y no de los más importantes, del sol. Hoy esta idea no sólo está confirmada, sino que sabemos que el Sol no es más que uno de los millones de soles que componen una de las muchas galaxias que existen, por lo que la importancia de la Tierra ha ido disminuyendo a pasos agigantados.

La segunda humillación provino del biólogo inglés Charles Darwin en el siglo XIX, con su teoría de la evolución, que hoy nadie pone en duda salvo algunos grupúsculos cristianos creacionistas en Estados Unidos. Aunque después de más de 150 años todavía hay personas que no han asumido lo que ella significa, es decir nuestra procedencia de animales que nos han precedido en la evolución. Esto significó sin duda un gran golpe a la idea de que éramos la perla de la creación divina, que habíamos sido creados de golpe por un soplo de la divinidad, como se dice en el Génesis. Con ello, la explicación de la Biblia pasó a ser lo que es: un mito o leyenda como muchas otras. (Hay que decir también que según la arqueología y la antropología prohibida, sin negar absolutamente la evolución, a partir de multitud de indicios e incógnitas, se han desarrollado otras dos posibilidades: La teoria de la modificación genética a partir de homínidos y la teoría de la evolución inversa según la cual a partir de antiguas humanidades anteriores, degeneramos todos los homínidos y otros simios incluidos nosotros).

La tercera humillación, para Freud, vendría dada por su descubrimiento, que no fue tal, del inconsciente. El inconsciente o mejor el no consciente, ya había sido descrito a lo largo del siglo XIX por varios médicos naturalistas románticos alemanes, pero Freud lo hizo el centro de sus estudios y le dio una importancia que otros no le habían dado. El resultado de estos estudios fue saber que la conciencia era sólo la punta de un iceberg, y que bajo el agua había una inmensa mayoría de funciones que, a pesar de ser inconscientes, gobernaban y dirigían la conducta humana. La tercera humillación, pues, era que el ser humano no era ni siquiera dueño de muchos de sus actos. Hoy se calcula que de todas las operaciones que el cerebro realiza, sólo una ínfima parte, uno o dos por ciento, es consciente, el resto se lleva a cabo sin que sepamos que se está realizando. Con otras palabras: probablemente Freud se quedó corto. (Algunos neurocientíficos empiezan a plantearse la no localidad de la mente en el cerebro, – al menos disponemos de otros dos subcerebros uno en el corazón y otro en el estómago -, de modo que nosotros seríamos una especie de sonda biológica interrelacionada con un campo no localizado, los campos mórficos de información de las especies según el biólogo Rupert Sheldrake, o los registros akasicos de la teósofa británica Annie Besant).

En mi opinión, nos espera una cuarta humillación, de la que hoy sólo vislumbramos su comienzo: la revolución neurocientífica que está poniendo en duda convicciones tan firmes como la existencia del yo, la realidad exterior o la voluntad libre.

Temas todos ellos, que tradicionalmente no han sido objeto de estudio por parte de las ciencias naturales, convencidos como estábamos de que eran objeto de la teología, la filosofía o, como mucho, de la psicología. Pero que hoy sí se cuentan entre los objetos de estudio de la neurociencia para dar a entender que hemos sido equivocados hasta ahora cuando dábamos carta de naturaleza a determinados conceptos que muy posiblemente eran y siguen siendo fruto de nuestros deseos. (Quizás fuese mejor hablar aquí de pensamientos que de deseos).

El ser humano no tiene, por ejemplo, ningún motivo para pensar en la continuidad de su persona, de su yo, que considera que es el mismo desde la cuna a la tumba, sabiendo que nada ni en su cuerpo ni en el su entorno tiene permanencia. Y, sin embargo, que nos puede convencer de que no existe ese yo que subjetivamente está tan presente como la propia realidad exterior?

Los órganos de los sentidos nos han engañado desde siempre y lo sabemos, como ya lo sabían los filósofos griegos de la naturaleza de las colonias jónicas en Asia Menor. La neurociencia moderna nos dice que ni los colores ni los olores ni los sabores ni los sonidos existen en la naturaleza, sino que son creaciones del cerebro. Pero, quien no está convencido de que estas ‘proyecciones’ del cerebro no son tales y que las cualidades de los órganos de los sentidos son parte de la realidad que percibimos? (Habria que incluir aquí a los sextos sentidos como la intuición, premonición, etc)

Sin embargo, ya en el pasado Descartes, por ejemplo, en el siglo XVII había dicho que las cualidades secundarias de las cosas, colores, sonidos, gustos, olores, etc. No hay herencia fuera de nosotros, sino en nosotros como sujetos sentidos. Y el filósofo napolitano del siglo XVIII Giambattista Vico escribía en su libro “La antiquísima sabiduría de los italianos”: “Si los sentidos son capacidades activas, de ahí se deduce que nosotros creamos los colores al ver, los gustos en gustar y los tonos el sentir, así como el frío y el calor al tocar”.

Revisión del concepto de realidad

El filósofo inglés Charli Broad decía que el cerebro es como una válvula reductora que filtraba el inmenso caudal de datos que fluía desde los órganos de los sentidos al cerebro. Además, los propios órganos de los sentidos perciben sólo una pequeña parte de la realidad. Por ello, desde el punto de vista neurofisiológico, llamar realidad a lo que percibimos es completamente inadecuado y sin sentido.

Y el filósofo irlandés George Berkeley decía que sólo conocemos lo que percibimos, por lo que sus contemporáneos discutieron si cuando caía un árbol en el bosque y nadie estuviera presente para escuchar haría algún ruido o no. Por lo que hoy sabemos, indudablemente no habría ningún ruido, ya que el sonido no es ninguna cualidad de la realidad absoluta, sino sólo de la nuestra.

La conclusión que podemos sacar de todo esto es que cuando hablamos de materia, del mundo material, parece que nos estamos refiriendo a una realidad subyacente, cuando de hecho nos referimos en gran parte a imágenes de nuestra mente.

En uno de los escritos filosóficos hindúes, el llamado Ashtavakra Gita se dice: “El mundo que de mí ha emanado, en mí se resuelve como la vas en el barro, la ola en el océano y el brazalete de oro en el oro que está compuesto “. Como es sabido, en los Vedas hindúes el mundo, así como el yo, son considerados maya, es decir, ilusión. Y los Vedas se remontan a unos 2.000 años antes de nuestra era.

En el Libro tibetano de la Gran Liberación, también llamado Bardo Thodol, encontramos la siguiente frase: “La materia se deriva de la mente o conciencia y no la mente o conciencia de la materia”.

Por cierto, en física cuántica se conoce que el acto de observar un fenómeno afecta lo que se está observando, algo similar a lo que sabemos que hace el cerebro durante la percepción.

Uno de los escritores llamados constructivistas, Heinz von Foerster dice: “Objetividad es el delirio de un sujeto que piensa que al observar se puede hacer sin él”. Este mismo autor llama la atención sobre el hecho de que tenemos unos cien millones de receptores sensoriales ante unos diez billones de sinapsis en nuestro sistema nervioso, lo que interpreta como que somos 100.000 veces más receptivos a lo que pasa dentro de nuestro cerebro que en las informaciones procedentes de los órganos de los sentidos.

El descubridor de la dietilamida del ácido lisérgico, LSD, Albert Hoffmann, fallecido hace sólo tres años a la edad de 102 años, decía: “Reconocí que todo mi mundo se basaba en mis vivencias subjetivas, que estaba dentro mío y no fuera “.

El yo como cualidad emergente

Se han planteado tres argumentos a favor de que el yo es una construcción cerebral. En primer lugar, su ontogenia, es decir cuando surge este concepto en el desarrollo del ser humano. Al parecer, el niño no nace con este concepto del yo, sino que se encuentra en la primera fase de su vida en un estado indiferenciado de fusión con el mundo, es decir, sin autoconciencia. Es a partir de los dos años y medio o tres cuando surge esa impresión subjetiva de un yo propio que se diferencia del resto de la realidad y se enfrenta a ella. No deja de ser curioso que hablamos del yo y del mundo cuando este yo es parte también de este mundo.

En antropología se sabe que en comunidades humanas más primitivas se tenía una concepción de la persona o del yo esencialmente sociocéntrica, es decir ligada a la pertenencia al clan o la tribu y, por supuesto, mucho menos individualista que en nuestra cultura occidental. Algunos antropólogos consideran que el yo individualizado no es una idea innata, sino una noción que ha tenido un desarrollo histórico.

Entre los indios ojiwba, por ejemplo, una tribu de los algonquinos que aún existe en algunas reservas, principalmente en Minnesota en Estados Unidos, el concepto que estos indios tenían de sí mismos no tenía nada que ver con el concepto occidental. No diferenciaban bien entre mito y realidad, entre sueño y vigilia o entre humanos y animales. (El chamanismo de Carlos Castaneda)

El antropólogo Brian Morris es del parecer que el yo en esencia es una abstracción y que se refiere más a un proceso que a una entidad. Mientras que el pensamiento occidental tiene un concepto del yo egocéntrico, en otras culturas este concepto es más sociocentrismo y en muchas de ellas el dualismo tradicional del yo ante el mundo está completamente difuminado.
Hay otro argumento que nos hace sospechar que el yo es una construcción cerebral. Para evitar que los ataques epilépticos que se producen en un hemisferio cerebral se propaguen en el hemisferio del lado contrario por las fibras que unen ambos y que forman el llamado cuerpo calloso, con doscientos millones de fibras, algunos neurocirujanos seccionar el cuerpo calloso generando así lo que se ha llamado pacientes con cerebro dividido o escindido que fueron estudiados intensamente sobre todo en Estados Unidos.

Aparte de muchos otros fenómenos, uno de los resultados más llamativos de esta operación fue que estos pacientes tenían pensamientos independientes en cada hemisferio. El investigador que recibió en 1961 el premio Nobel por estos estudios fue el psicólogo estadounidense Roger Sperry y que decía lo siguiente: “Cada hemisferio parece tener sus sensaciones separadas y privadas, sus propios conceptos y sus propios impulsos para la acción. La evidencia sugiere que dos conciencias van en paralelo en los dos hemisferios de estas personas con cerebro escindido “.

Como vemos, Sperry aceptaba la existencia en estos sujetos de dos conciencias, una en cada hemisferio, lo que sugiere que en condiciones normales estas dos conciencias aparecen como una sola, por la predominancia de una de ellas o por la fusión de todas dos.

En algunos pacientes esta situación creaba enormes conflictos, como, por ejemplo, que la mano izquierda, controlada por un hemisferio, cometiera un error y la mano derecha intentara corregirlo, o lo que es peor, que una mano abriera un cajón y la Por otro intentara cerrarlo. La conclusión de estas observaciones fue que en estos pacientes había dos personalidades diferentes, dos yos, con dos conciencias diferentes que expresaban no sólo en las acciones, sino también en los pensamientos. Otra conclusión importante fue que la conciencia del yo tenía que estar ligada a las funciones de la corteza cerebral.

Esta división del yo en dos no es necesario que se produzca en los pacientes con hemisferios separados por el cirujano, La psiquiatría sabe hace mucho tiempo de casos de desdoblamiento de personalidad, como la que se describe en la película “Psicosis” de Hitchcock.

También se conoce un trastorno de personalidad múltiple que se atribuye a una violación incestuosa muy joven de estos pacientes. Se ha supuesto que el choque emocional que supone ser violado o violada por una persona de la propia familia puede conducir, según algunos autores, a una excitación tan grande de la amígdala, una región perteneciente al sistema límbico o cerebro emocional, que lleve a una inhibición por esta de diferentes partes del hipocampo, otra región relacionada con la memoria, generando así personalidades múltiples e independientes.

Se ha planteado la hipótesis de que todos nacemos con el potencial de desarrollar múltiples personalidades, y en el curso de un desarrollo normal conseguimos más o menos consolidar un sentido integrado de la personalidad. Algo de eso debe haber, ya que si observamos el comportamiento, por ejemplo, de adolescentes normales cuando se encuentran con sus padres, con su novio o novia o con sus compañeros de juerga estos comportamientos son tan diferentes que parece que proceden de diferentes personalidades. (No hace falta ir tan lejos pues todos nos comportamos de manera diferente según el entorno en que nos movemos y de alguna manera tenemos diferentes personalidades como decía George Gurdjieff. Llevado al extremo, cada célula podría tener su personalidad en la membrana celular según se puede desprender del biólogo Bruce Lipton o psiconauta Thaddeus Golas).

Resumiendo todos estos hechos podríamos decir que el yo es una entidad que desarrolla el cerebro como calidad emergente, entidad con la que no nacemos, sino que se desarrolla a partir de la maduración de estructuras corticales y en interacción con el entorno, dependiendo , por tanto, de la cultura en que la persona se encuentra (Sería una creencia, quizás la principal).

¿Qué pasa con la voluntad?

Sin duda, nuestra civilización occidental ha acentuado enormemente esta cualidad del yo, generando individuos especialmente poco sensibles a los intereses colectivos. Precisamente por ser algo individual, que nos diferencia de los demás, también nos separa de ellos. (En este hechos se encuentra la base de la sociedad capitalista / consumista)

Otro dato que amenaza con minar la imagen que tenemos de nosotros mismos es el tema de la voluntad libre. Los datos de que hoy disponemos apuntan a que la libertad es una ilusión, una ficción cerebral. Nadie puede afirmar que estos datos sean definitivos, porque definitivo no hay nada en ciencia, pero son datos experimentales que nos dicen que no somos libres de tomar decisiones cuando estamos ante la posibilidad de elegir entre varias opciones. Antes de que tengamos la impresión subjetiva de voluntad, el cerebro se ha puesto en marcha de manera inconsciente.

Experimentos realizados con modernas técnicas de imagen cerebral han mostrado que esta actividad inconsciente del cerebro precede a la impresión subjetiva de voluntad ni más ni menos que en seis segundos. Y, sin embargo, de nuevo la impresión subjetiva de libertad es tan fuerte que pensamos que la interpretación de los resultados de estos experimentos no puede ser cierta.

Se suele decir que libertad es la capacidad de hacer lo contrario de lo que realmente hacemos. Pero esto no es otra cosa, a mi entender, tener grados de libertad, es decir una gama de opciones entre las que elegimos una. Estos grados de libertad son mayores cuanto más desarrollado sea el cerebro, de manera que los humanos tenemos más grados de libertad que otros mamíferos y éstos más que los anfibios, etc. (Esto concuerda con lo que dice la IA (Inteligencia Artificial)) Pero si confundimos la libertad con los grados de libertad entonces todos los animales son libres para tener diferentes opciones en su conducta. Lo decisivo no es que tengamos posibilidades de elección, sino por qué y cómo elegimos lo que elegimos y no otra posibilidad. (Especialmente en pensamientos para el futuro)

La ciencia nos dice que el universo está sometido a leyes deterministas (No es el caso la física cuántica), por lo que el físico Albert Einstein se preguntaba que por qué el cerebro debía ser una excepción y es la única parte de la materia de el universo que fuera libre y no determinada como el resto.

Hoy en día muchos filósofos llamados compatibilistas piensan que a pesar de estar determinados como el resto del universo, los humanos somos libres siempre y cuando nuestras acciones surjan de nosotros mismos. Aquí se olvida lo que había dicho Freud los condicionamientos inconscientes que dirigen nuestra conducta. En psicología se dice que seamos libres si nuestra conducta está guiada por motivaciones inconscientes sobre las que el llamado yo consciente no tiene ningún control. (Seria parecido a “los astros inclinan pero no obligan” que postula la astrologia)

No deja de ser curioso el hecho de que sepamos que no tenemos ningún control consciente sobre lo que almacenamos en la memoria y, sin embargo, no nos preocupe este hecho, cuando precisamente desde el punto de vista de la supervivencia la memoria es mucho más importante que la libertad. (Esto se cuestiona en la Teoría del Doble de JP Garnier-Malet, pues la memoria de lo que imaginamos para nuestro futuro, sería tal vez algo sobre lo que si tenemos libre albedrío intencionado y consciente. No somos responsables de lo que somos pero sí de lo que queremos ser).

La falta de libertad ya había sido planteada en el pasado por el filósofo holandés Baruch Spinoza que decía que los hombres se consideraban libres para ignoraban las causas que determinaban sus acciones.

La importancia de estos resultados es evidente. La existencia o no de libertad, libre albedrío o voluntad libre es también de enorme importancia para otras disciplinas, por ejemplo para la religión, ya que sin libertad el ser humano no es culpable de pecado, concepto clave y fundamental para a las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo.

Según los físicos Jonathan Barrett de la Universidad de Bristol y Nicolás Gisin de la Universidad de Ginebra, determinados resultados experimentales muestran la obligatoriedad de la existencia del libre albedrío en la conciencia del observador.

En jurisprudencia y en psiquiatría forense, el tema de la libertad es de gran relevancia, dado que se derivan los conceptos de responsabilidad, imputabilidad y castigo para los que delinquen. Pero la libertad es también importante en ética, en filosofía social y política, en la filosofía de la mente, en metafísica, en la teoría del conocimiento, en la filosofía de las leyes, en la filosofía de la ciencia y en la filosofía de la religión.

El cerebro y la espiritualidad

Otro tema que está siendo estudiado por la neurociencia es el tema de la espiritualidad. Desde que es posible provocar experimentalmente experiencias espirituales, religiosas o místicas estimulando determinadas regiones del lóbulo temporal pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional, la neurociencia ha entrado en un tema que tradicionalmente ha formado parte de la teología. Se habla hoy, en mi opinión equivocadamente, de neuroteología para referirse a la búsqueda de la espiritualidad en el cerebro. Y digo que equivocadamente, porque teología significa etimológicamente un tratado de Dios, como si ya se diera por hecho su existencia, lo que la neurociencia no hace.

Pero lo realmente revolucionario, a mi entender, es el hecho de que la materia, como el cerebro, sea capaz de producir espiritualidad. Por eso yo al cerebro le he llamado “espíritus”, una contracción de espíritu y materia. En cualquier caso, parece evidente que el concepto tradicional de ‘materia’ no debería ser aplicable al cerebro. Además, la separación dualista cartesiana entre espíritu y materia no tendría sentido. (El cerebro es materia y por tanto energía. Si entendemos el espíritu como energía podría convertirse en materia, pero si entendemos el espíritu como información, puede estar en cualquier lugar, cerebro incluido. De hecho los últimos conceptos astrofísicos de los universos, los limitan sólo a información y energía)

Como vemos, en el pasado se consideraba inapropiado que la neurociencia se ocupara de las funciones mentales, antes llamadas funciones anímicas, es decir del alma, como lo está haciendo ahora. Hoy estamos al comienzo de un derribo sistemático de conceptos que, algunos de ellos, son pilares en que se asienta nada menos que gran parte de nuestra cultura occidental.
Por eso piense que se acerca una nueva humillación del ser humano, una revolución protagonizada por los resultados de la neurociencia. De nuevo, una ciencia está a punto de abrirnos los ojos a realidades que no tienen nada que ver con las que hemos vivido durante siglos: estas han sido producto de nuestro cerebro y las realidades que las sustituyan también lo serán. Pero ahora, soñar con una realidad independiente del cerebro humano será posible pero no real. (Dado que parece ser que la realidad siempre es un producto del observador. ¿Soñar será siempre real para quien sueña?)

Nos llama la atención el progreso objetivo de la neurociencia, como el papel de la genética en varios trastornos mentales, los estudios de biología molecular que nos han explicado cómo determinados genes pueden llevar a producir síntomas clínicos. (Sin embargo, hay que tener en cuenta la gran importancia de la epigenética) Admiramos los descubrimientos que muestran la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, o los mecanismos moleculares asociados a la memoria y el aprendizaje. Hemos descubierto neuronas que son la base de la empatía, probablemente también del lenguaje y de la moralidad, como las neuronas espejo, pero los temas que he mencionado en relación con la revolución subjetiva van más allá porque cambiarán la imagen que tenemos del mundo y de nosotros mismos.

Las humanidades, junto con la neurociencia, deberán colaborar para diseñar una nueva imagen del ser humano que, sin duda, será diferente de la que hoy conocemos.

En resumen: estamos ante una auténtica revolución de nuestras ideas: una revolución neurocientífica.

El autor se olvida de mencionar la cuestión del espacio-tiempo de la información que manejamos, así como de la capacidad cronostésica y de hiperincursión de nuestro cerebro para vivir simultáneamente en nuestro presente, pasado y futuro.

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